Una vez...
Una vez intenté aprender a entenderte...y me olvidé de ir a clases de inglés, me olvidé de los amigos, de los pequeños placeres de la vida, de aprender, de escuchar a quien me hablaba. No pude volver a dormir de un tirón porque pensaba que de un momento a otro llegaría ese mensaje que lo arreglase todo. Me colgué de tu puerta, me empeñé en retornar el lugar donde me hiciste feliz, pero el camino resultó ser un sendero áspero y oscuro.
Y una mañana, sin darme cuenta, olvidé ponerme el traje gris y volví a disfrutar de las buenas conversaciones, de los cafés calientes a media tarde, de una interesante lectura, de una película entretenida...y descubrí besos que me hicieron pensar que quizás ganase perdiéndote. Volví a sonreír y recordé que me sobran razones para vivir, que no todo está perdido, que España es socialista y que mañana será republicana, que la primavera todavía está por llegar...volví a creer en lo que Sabina rezaba ahí por el año 94... ¡Si es que existen más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas!
